En la mente del yihadista

¿Cómo es el joven yihadista?, ¿qué características lo definen?, ¿qué perfil psicológico buscan las redes de captación?

Aún matizando que el terrorismo es un fenómeno poliédrico y multifactorial, vamos a centrarnos en analizar el perfil psicosocial del joven yihadista captado y reclutado, y no de la cúpula del terrorismo que presumiblemente tenga otras características.

Las hipótesis acerca de la presencia de trastornos mentales y tendencias agresivas llevan fracasando desde su inicio. No obstante, hay ciertas características psicológicas presentes en los terroristas y yihadistas que indican la ausencia de salud mental.

En términos emocionales, es significativo el sentimiento de venganza y humillación, que sienten los jóvenes potenciales de ser captados. Se trata de personas dependientes, inestables, débiles, con gran frustración, vulnerables, con ataques de ira. Signos propios de un adolescente en su búsqueda de identidad, que no se siente comprendido por sus padres y necesita reafirmarse en sus ideas cambiando su vestimenta y mostrando un pensamiento extremista.

Antes de desgranar el perfil psicológico y características psicosociales de los jóvenes captados y radicalizados, vamos a explicar de dónde sale el comportamiento terrorista.

Desde la psicología explicamos el comportamiento terrorista desde la ideología, es decir, conjunto de reglas comunes y acordadas que asume una persona y que regulan su conducta. Estas reglas están dirigidas por creencias, valores y principios, que actúan justificando los actos violentos.

La ideología es un modelo de atribución causal, así como un filtro moral de la realidad lleno de sesgos y errores, dando explicaciones positivas a sus comportamientos, mientras que las conductas negativas serán consecuencia de factores contextuales. En este punto parece evidente el nivel individual de la ideología, puesto que se trata de la manera personal de entender y percibir el mundo. Por ejemplo, los yihadistas son influidos por la propaganda transmitida a través de internet, adquiriendo el rol de mártir o héroe.

Como se acaba de mencionar, la captación se lleva a cabo en internet principalmente, pero no todos aquellos que tenemos acceso a internet acabamos convirtiéndose en un terrorista yihadista por tanto:

¿Qué perfil tienen los jóvenes yihadistas que se van a Siria a hacer la Guerra Santa?

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La mayoría de los días se oyen noticias de jóvenes que se han ido a Siria o de detenciones de grupos radicalizados en nuestros países. Todos ellos suelen tener una edad que oscila entre los 18 y 30 años, incluso más jóvenes. Estos jóvenes salen de barrios marginales, sin posibilidades socioeconómicas, ni educativas, no tienen ideas muy firmes sobre la religión y la realidad de este conflicto. Además, suelen ser hijos de inmigrantes que se sienten excluidos en el país en el que habitan, pero tampoco se identifican con los de su país de origen.

Es un perfil de un joven vulnerable, que está en busca de una identidad firme, en busca de valores, metas o un cambio en su vida, dentro de una situación de vacío y sin recursos. Muchas veces ateos o con carencias de ideas religiosas previas.

Principalmente se hablaba de captación en hombres, pero actualmente está comenzándose a nombrar el papel de las mujeres. Las mujeres también son captadas como esclavas sexuales, así como, futuras “guerreras”. De este modo, amplian el ejercito y utilizan el factor sorpresa al no ser habituales en este tipo de guerra.

De todo esto, se desprende una situación psicosocial similar a la que vive un adolescente en búsqueda de su identidad, un adolescente que busca sentirse identificado con algún movimiento político, con valores y con algo por lo que luchar en su vida. Todos nosotros hemos tenido esa sensación y hemos vivido una etapa algo turbulenta, que finalmente ha acabado con una firme identidad y con valores que nos definen y por los que luchamos.

Los valores que también buscan estas personas llegan de la mano del yihadismo, cuando de repente aparece esa fantástica propaganda por internet, como esa meta y esos valores por los que tienen que luchar y que formarán parte de su identidad.

Son personas idóneas para persuadir y lavar el cerebro con ideas religiosas extremistas y/o distorsionadas (vacíos de racionalidad), porque ante esta situación de carencia y falta de recursos, cualquier excusa sirve para aferrarse a ellas y sentir que estás comprometido por algo y que tu vida tiene sentido.

Ya no hay exclusión, ahora hay una causa y un grupo de referencia para el que se es imprescindible. Por fin se ha encontrado esa identidad que tanto se añoraba, sin apenas plantearse si realmente esos son los valores o las metas que se querían.

¿Realmente soñaban con acabar con su vida a los 30 años estallando un cinturón lleno de bombas?

Las situaciones de exclusión y la falta de oportunidad educativa, social y económica favorecen una personalidad débil, con pocos valores y con una identidad inestable  y vulnerable, fácil de manipular. La pobreza y la marginación socioeconómica es el marco del reclutamiento y muchos jóvenes que ingresan en las organizaciones yihadistas son aquellos que se encontraban en exclusión social y aislamiento sociolaboral decepcionados con la vida que se encuentran en occidente.

No se sienten bien con su vida y esta situación hace más fácil el adoctrinamiento y radicalización, puesto que los captadores utilizarán estos argumentos para convencerlos hacia su unión en la lucha contra los infieles, nosotros.

La desadaptación y desilusión de jóvenes que todavía no han forjado su identidad es el punto de partida que hace a estas personas aceptar incondicionalmente ideas como estas para sentir que son importantes y que tienen un cometido.

Si la exclusión es el punto de partida, ¿Estamos desde occidente avanzando por el camino correcto?

Olaya Quilez

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