Amores que matan. Violencia de género.

¿Por qué hay hombres que maltratan a las mujeres?

¿Existe un perfil típico de maltratador que nos permita identificarlo fácilmente?

¿Por qué la mujer maltratada, calla y se mantiene al lado de su destructor?

 Todavía hoy en día, podemos ver en la televisión noticias sobre maltratos y abusos en la pareja y a pesar de ser elevado el porcentaje de estas agresiones, no se denuncian y sigue siendo el silencio, el falso refugio donde la persona maltratada se cobija.

A pesar de que la violencia contra el hombre existe, se puede afirmar que la mayoría de las víctimas siguen siendo mujeres. Actualmente, la violencia contra la mujer en la relación de pareja adquiere unas cifras alarmantes que han provocado en la comunidad científica un aumento del interés por el estudio de los agresores.

Quisiera recalcar que al hablar de violencia, hacemos referencia a un comportamiento aprendido y complejo, multidimensional en su expresión y multifactorial en su causalidad, que abarca tanto la violencia física como la violencia psicológica.

En los estudios realizados, encontramos que los agresores suelen presentar carencias psicológicas significativas, como:

  • Sesgos cognitivos: pensamientos distorsionados sobre los roles sexuales y la inferioridad de la mujer y sobre la justificación de la violencia.
  • Dificultades de comunicación y de resolución de problemas.
  • Irritabilidad y una falta de control de los impulsos.
  • Otras dificultades específicas:
  • Abuso de alcohol-drogas, donde la adicción actúa como desinhibidor.
  • Existencia de celos patológicos.
  • Inestabilidad emocional o algún trastorno de personalidad (siendo los más frecuentes el antisocial, el límite y el narcisista).

violencia de genero

 Dadas estas características, ¿Podemos afirmar que exista un perfil concreto de agresor de mujeres?

No, no podemos afirmarlo. La tragedia de la violencia de género es que se ejerce por agresores que son hombres normales y es sufrida por víctimas, que son mujeres normales.

Los agresores no tienen mayor proporción de entidades psicopatológicas que la población normal.

Es cierto que a veces se difunden perfiles en donde aparecen los agresores como deficitarios en habilidades sociales o en control de los impulsos. Sin embargo, estos elementos psicológicos nunca llevan por sí solos a la violencia.

También sucede que lo que se denomina des-control de los impulsos, no es más que una secuencia de conducta perfectamente controlada de violencia hacia una mujer, mientras que en el resto de roles sociales, el agresor no pierde nunca ese control supuestamente deficitario.

 Por ello, se hace necesario contar con la intervención psicológica no sólo para atender a las víctimas de la violencia machista, sino también para ofrecer un tratamiento rehabilitador a los maltratadores. Un buen número de estudios ha puesto de manifiesto, que el tratamiento psicológico se muestra como el más adecuado para atender a los maltratadores.

Es importante aclarar, que una intervención psicológica con agresores NO SE DISEÑA Y APLICA PARA CURAR A UNA PERSONA, sino que su utilidad es modificar la mente y la conducta de un sujeto, para desarraigar la violencia de su repertorio comportamental y reatribuir parte de la tabla de significados que el sujeto usa para construir su realidad.

¿Por qué la mujer llega a consentir este maltrato?

Simplemente porque el maltrato continuado en el tiempo ha conseguido anestesiarla, llegando a ver normal esa relación que le destruye. Frecuentemente han roto sus círculos afectivos y se rodean de un gran vacío. Su dependencia emocional le impide desligarse del Depredador emocional.

¿ Y Cómo podemos solucionar esto?

Las investigaciones recientes afirman que la intervención con la mujer maltratada y con sus hijos es imprescindible, pero resulta insuficiente si no se actúa simultáneamente sobre el agresor mediante un proceso reeducativo.

Se encuentra ampliamente demostrado que la violencia de género es un problema educacional. Así que se trata de intentar romper ese círculo vicioso, que normalmente se transmite entre generaciones mediante el aprendizaje observacional o vicario, tan estudiado por Albert Bandura.

Por ello, es importante «actuar» para poder dar fin a estos sucedáneos de amor y entender  que el auténtico amor, ama, no mata.

Para profundizar:

  • GARRIDO V. (2001). Amores que matan. Acoso y violencia contra las mujeres. Alzira (Valencia) Editorial Algar.
  • CASTELLÓ J. (2005) Dependencia emocional. Características Y tratamiento. Madrid. Alianza Editorial.
  • HIRIGOYEN M.F. (2005) Femmes sous emprise. París. Oh! Editions. (Trad. Cast.: 2006 Mujeres Maltratadas. Los mecanismos de la violencia en la pareja. Barcelona. Paidós).
  • ECHEBURÚA E., CORRAL P. (1998) Manual de violencia familiar. Madrid. Siglo XXI.
María Hernandez

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